
Tenía yo doce hermosas cucharas con su mango rojo, a juego con otros tantos tenedores, cuchillos y cucharillas. Y digo tenía, porque ayer noche, cuando nos disponíamos a cenar una rica y caliente sopa, me topé con sólo tres cucharas en el cajón.
Y ya se sabe, me he pasado el resto de la noche buscando culpables y buscando las cucharas, que no han aparecido.
El primer interrogatorio lo pasó Laura, que es muy dada a guardarlo todo en su caja de secretos. Pero en dicha caja me he encontrado el peine que llevaba un mes desaparecido, unos cromos de Adri y unas llaves que no sé de dónde han salido. Ni rastro de las cucharas.
El siguiente en ser interrogado ha sido mi compañero de almohada. Que como siempre, se ha puesto a la defensiva y me ha dicho que no tiene ni idea de dónde pueden estar metidas “mis” cucharas. Ahora son “mis” y no “nuestras” cucharas. Ya verás, ya, te veo sorbiendo la sopa directamente del plato el resto de nuestra convivencia, majete.
A Adri ya no le he preguntado, porque las cucharas en principio no son lo suficientemente pequeñas como para haberlas confundido con un juego de la Nintendo… Si hubiera tenido dieciséis años hubiera sido el primero en ser interrogado pero a día de hoy, se salvó.
Lo siguiente es buscar en mi bolso, por ahí puedes encontrarte de todo…pero nada, ni rastro de cucharas, pero han aparecido miles de cosas que daba por perdidas.
Al final el misterio de las cucharas ha quedado sin resolver, la sopa fría y tomada a turnos…Me sigo preguntando a dónde habrán ido a parar todas las cucharas. Si se os ocurre algo, ya sabéis…Y si encontráis por ahí alguna cuchara perdida, indicarle el camino de vuelta a casa.