Me he quemado con una pistola térmica de pegamento. Y la culpa de todo la tiene la gatita esa, la "Kitty". Ya mi abuelo decía que de los gatos no hay que fiarse y fíjate.
Laura tenía que llevar una carpeta para guardar las fichas de la guardería y claro a la niña se le antojó una de "Hello Kitty". Pero la carpetita en cuestión costaba 5,90 euritos de nada. Y una normal, de toda la vida, 50 cts.
Y yo que soy así, dije: me compro la de 50 cts y la "tuneo".
Así que llegué con mi carpeta de 50 cts, y saqué las telas, lentejuelas y mi pistola térmica. Y justo cuando iba a pegar todo en la carpeta, a mitad del pegado, se me acaba la barrita, enchufo otra con tal rapidez que ¡ayyyyyy! salió la cola hirviendo por el otro lado, sobre mi mano, claro.
¿Reacción? Quitarme la cola con la otra mano. Total: las dos manos quemadas. En una las yemas de los dedos y en la otra la parte de los nudillos.
Luzco unas lindas y dolorosas ampollas pero la carpeta me ha quedado chuli chuli (según Laura).









