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martes, 16 de noviembre de 2010

Te odio

Harta estoy de llorar. Harta, muy harta.


Siempre igual, siempre te doy toda la confianza para que entres en mi casa y otra vez haces que de mis ojos broten las lágrimas. ¡Cuántos años llevamos así!


No importa que a los demás les caigas bien, a mi me caes fatal, ya no me gustas.


Pero una y otra vez, vuelvo a darte otra oportunidad, ...una, que es tonta. Y siempre la misma faena. Te aposentas y según te vas quitando el abrigo, ya empiezas a atacar, a traición.


No, no caeré más en tu red. Cuando te vuelva a ver, torceré la cara y haré que no te he visto. Nadie merece mis lágrimas y menos tú. Ya buscaré algún sustituto, quizás alguien más dulce que tú y que no engañe a nadie.


¡Ojalá te pudras! Seguro lo harás...


viernes, 18 de junio de 2010

Cartas de amor



"Llevaros los libros que nosotros no leemos, se llenan de polvo. Hija, si quieres llévate lo que hay en esa caja de lata”. Me dijo mi suegra.

Se refería a los libros de mis cuñados, que con tanta pasión habían coleccionado y pequeños recuerdos, cosas sin gran valor material pero sentimentalmente...


Había unos aros de flamenca blancos, un mecherito antiguo en miniatura, un broche, un clip, dos palitos atados con un cordón y … ¡¡cientos!! de cartas, meticulosamente ordenadas por fechas y en sus correspondientes sobres.


Cartas de amor, escritas con y para el corazón. Todos los martes, de todas las semanas, durante años, una.


Leí una por una, ordenadamente. Las de ella me costó mucho porque la letra era imposible, había poemas, folios y folios. El día a día.


No había internet. No había ni siquiera teléfono. Pero allí estaba todo. El mejor regalo, el mejor regalo en una caja de lata. ¿Dejarlo en el olvido? Yo ya lo llevo en mi corazón y a vosotros os regalo dos, sólo dos, que he escogido al azar. Sin ordenar por fechas....


ELLA:

Está amaneciendo, qué paz refleja tu cara cuando duermes, ya casi es la hora de empezar un nuevo día y la verdad, reconozco que no me gusta nada madrugar; quizás sea esa la razón por la que tengo tan mal despertar. Te agradezco tanto que cada mañana me regales la primera mirada, sonrías y que me digas: buenos días, mi amor. Me encanta mirarte cuando me preparas el café, te preocupas tanto de lo mío que se te olvida y no te importa que el tuyo se te esté quedando frío. Siempre piensas antes en mi que en ti, siempre. No sabes cuanto te quiero. Necesito ese beso, ese beso tuyo de ayer, de hoy y de siempre, ese beso que me das cuando me marcho y cuando regreso, cuando llego a casa tarde, cansada y con problemas y tú me recibes con los abrazos abiertos. Me ayudas, me oyes, se disipan mis penas.

Hoy desperté al nacer el día, me gusta tanto mirarte. Tenías los ojos cerrados a la luz y la mente abierta a los sueños, sobre tu cuerpo desnudo mis manos parecían tener alas, se me escapaban, volaban hacía ti, te acaricié de los pies a la cabeza. No sabes cuanto te quiero. Hay veces que nos hacen falta las palabras para entendernos, nos basta con mirarnos. Si tengo frío, me arropas con tu mirada. Si tengo calor, me refrescas con tu respiración. Lo siento, lo presiento, somos almas gemelas....

ÉL:

Bueno, cariño aquí tienes mi carta, espero que sea uno de esos cactus de los que me hablas, porque en verdad, cada vez que recibo una de tus cartas y me pongo a leerla es como si tú me estuvieras hablando aquí a mi lado.

Acabo de subir de ver la película de la tele y me he puesto a escribirte como quedamos convenido, hoy no me he echado la siesta, pues no me encuentro cansado como otros días, acabo de volver a leer tus dos cartas, que he tenido hoy, y en verdad, actúan de forma maravillosa sobre mi, haciéndome sentir el hombre más feliz del mundo, de saberme amado por una mujer tan maravillosa como tú, te quiero con toda mi alma, como nadie he querido ni querré, porque como bien le pedimos aquel día a la estrella, espero seguir así, como ahora, contigo, toda la vida.

Estoy aquí, en mi habitación escribiéndote y oyendo a José Luis Perales, escuchando aquella canción tan maravillosa que aquella noche te susurré al oído.

Acabo de encender un cigarro, y otra vez te imagino aquí a mi lado, si fuera así que maravilloso sería para los dos, pero espero que pronto sea hecho realidad, pues como te he dicho, el domingo estaré junto a ti para abrazarte y besarte en toda la cara y que en nuestros abrazos, pues no habrá sólo uno, nos casque algún hueso a los dos. Necesito tus caricias que me parece imposible vivir sin ellas, creo que no sucederá nada improvisto y podré estar junto a ti, aunque solo sea unas horas que para mi serán suficientes para poder pasar otros pocos días de nuestra separación...


Hay historias de amor eternas. Esta puede ser una de ellas. A mi me gustaría creerlo.